August 12, 2016

Las leyes de Estados Unidos criminalizan a los migrantes

Por más de un siglo, políticos de Estados Unidos han querido relacionar el fenómeno migratorio con el nivel de delitos y crimen en el país para justificar la hostilidad en contra la comunidad migrante. En el mismo espacio de tiempo, académicos, científicos y organizaciones de la sociedad civil han elaborado innumerables estudios que establecen dos hechos respaldados por cifras oficiales:

Los inmigrantes son menos propensos a cometer crímenes graves o a pasar tiempo en centros penitenciarios que aquellos originarios del país. También, según estadísticas, el alto numero de migrantes en una comunidad está asociado con tasas bajas de crímenes violentos.

Estas cifras engloban tanto a los migrantes regulares e irregulares, sin importar el país de origen o el nivel de globalización. “En otras palabras, la arrasadora mayoría de los migrantes no son, bajo ninguna definición, criminales; por esto las duras políticas migratorias no tienen impacto en la lucha contra el crimen” publicó en un reporte especial de 2015, el Concilio Americano de Migración.

Sin embargo y a pesar de todas las estadísticas, la retórica que criminaliza extranjeros no desaparece de los debates sobre la migración. Mucho tiene que ver que, para políticos y legisladores, suele funcionar como un gancho para atraer atención y crear polémica, además de los miedos que desatan los estereotipos y la ignorancia. El ejemplo más claro de esta práctica es Donald Trump, el magnate y candidato presidencial del Partido Republicano, que ha recargado su campaña entera en un discurso y promesas electorales anti- migrantes.

Entre sus propuestas más controvertidas están el crear un muro a lo largo de toda la frontera sur y obligar al gobierno mexicano a pagar por él, además de crear políticas migratorias que permita expulsar a la mayoría de los 12 millones de migrantes irregulares viviendo en el país.

Con su eslogan de campaña, “América puede ser grande de nuevo”, Trump ha apelado al enojo de la clase media y baja del país, la población más afectada por la crisis económica del 2008, que no se siente representada por políticos lejanos a sus problemas y que ven en el discurso del empresario un reflejo de sus ideas y frustraciones, hasta ahora reprimidas.

También apuesta por el miedo de sus electores. Como nadie, ha explotado la idea que los extranjeros representan crimen y pérdida de empleos. Atribuye el terrorismo a toda la población musulmana y declara a los refugiados, que huyen de ese mismo terrorismo, como una amenaza. Son, como lo señala el Concilio Americano de Migración, teorías sin fundamentos pero que atraen la atención de muchos.

En consecuencia de estos discursos, que derivan en leyes específicas contra los extranjeros, ser emigrante conlleva el estigma de ser criminal, ser una amenaza. “Hay toda una nueva clase de delitos que se han creado para el perfil de los migrantes y se les castiga con la deportación ante la menor de las faltas” dice el estudio.

Los políticos no son los únicos, los medios de comunicación, las películas, series de televisión, periódicos y noticieros en Estados Unidos han encontrado en los migrantes un estereotipo rentable para representar criminales.

Sin embargo, los datos contra- dicen estos estereotipos. Según un estudio del American Community Survey (ACS) indican que la encarcelación de los jóvenes sin educación media originarios de América Latina, Medio Oriente y África, que representan la mayor parte de los migrantes irregulares, es mucho menor que el índice de jóvenes nativos en la misma situación. Entre los extranjeros, uno de cada 10 ha pasado por el sistema de justicia mientras que para los nativos aumenta a tres de cada 10.



Ximena Natera

Soy aspirante a la buena imagen, a la buena crónica, a la buena historia, soy aspirante al buen periodismo. Las historias de horror, miedo e injusticia que vimos y escuchamos a lo largo del camino me dejaron un hoyo en el estómago, la única manera que encuentro para cerrarlo es compartir estas mismas historias una y otra vez, con la esperanza de que la indignación se propague y, como dice el periodista Oscar Martínez, contribuya a iluminar poco a poco las esquinas oscuras.